1886 México, Luis Pazos, Tlatelolco 68: 40 años de mitos

TLATELOLCO 68: 40 AÑOS DE MITOS

Luis Pazos

La aparición de historiadores que basan sus relatos en cifras y datos objetivos, más allá de creencias religiosas, ideologías políticas o intereses del grupo gobernante, puso fin a los mitos y leyendas como únicas referencias del pasado, sin embargo, todavía en el siglo XXI los mitos siguen disfrazándose de historia a través de novelas o relatos deformados de lo sucedido.

Si no hay narraciones objetivas, sin fanatismos, que lleven a reflexionar a las generaciones que no vivieron los acontecimientos,  frases como “la matanza de estudiantes por el ejército el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco”, pueden convertirse en  premisas indiscutibles para analizar ese hecho histórico.

Luis Pazos, autor de varios libros sobre problemas sociales de México, verdadero líder estudiantil en 1968, elegido democráticamente en su escuela, vivió ese movimiento como auténtico estudiante.

Pazos nos narra la historia de lo sucedido en Tlatelolco, sin pretender que  se considere la verdad absoluta, pero afirma que su versión tiene más fundamento y lógica que la mayoría de las versiones conocidas, las que según él están cargadas de compromisos ideológicos que distan mucho de lo realmente sucedido.

Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C.

A 40 años, no hay pruebas indiscutibles de a qué intereses servían quienes dispararon a estudiantes y soldados que se encontraban en la plaza de las Tres Culturas, desde los edificios colindantes, después de concluir un mitin convocado por el llamado Comité Nacional de Huelga.

Hay quienes culpan al presidente de la República Gustavo Días Ordaz y al Secretario de Gobernación en turno Luis Echeverría; otros, al ejército o a grupos políticos que buscaban evitar la candidatura presidencial del Secretario de Gobernación. Sería pretencioso afirmar que tengo la versión definitiva de lo sucedido en el 68, pero si una hipótesis que parte de hechos comprobados.

El 26 de julio de 1968, aniversario del asalto al Cuartel Moncada por Fidel Castro, considerado el Día de la Rebeldía Nacional en Cuba, se suscito un pleito entre estudiantes en una preparatoria del Distrito Federal. Alguien llamó a los granaderos para supuestamente evitar que ese pleito colectivo causara daños alrededor de la preparatoria.

Al llegar los granaderos, un grupo de dizque estudiantes los apedrearon y, según algunas personas presentes, hubo disparos. Los granaderos repelieron la agresión y golpearon a varios estudiantes.

Ese hecho con  el que se inicio el movimiento del 68 fue tomado como bandera para que se formara un consejo estudiantil para pedir la destitución del jefe de la  policía por enviar a los granaderos a golpear estudiantes. Se habló de heridos y hasta de muertos. Parecía como si muchas organizaciones de izquierda esperaran ese evento para lanzarse a las calles a organizar protestas.

A raíz de esos hechos se formó el llamado Comité Nacional de Huelga, el cual estaba integrado en su mayoría por estudiantes y seudo-estudiantes, que profesaban la ideología marxista-leninista, la que justifica la violencia como medio para llegar al poder.

Aulas de la Ciudad Universitaria fueron rebautizadas por miembros del Comité Nacio-nal de Huelga con nombres como “Mao Tsé Tung”, “Ho Chi Minh”, “Che Guevara”, “Camilo Cienfuegos” y “Fidel Castro”. Foto publicada por El Universal.

En aquel entonces, yo era Presidente de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Libre de Derecho y me di cuenta que varios de los líderes, identificados con la ideología marxista, manejaban importantes cantidades de dinero en efectivo y buscaban imponer una ideología más que solucionar un problema estudiantil.

En agosto del 68 llegó a mi escuela un grupo de “estudiantes” que dijeron ser del “Poli” y del Consejo Nacional de Huelga. Nos quisieron obligar a ir a la huelga. No aceptamos.

El movimiento tomo fuerza, pero la mayoría de los estudiantes que participaban en las protestas no sabían claramente cuál  era el fin. En aquel tiempo,  una amiga me dijo que había asistido a una marcha. Le dieron una pancarta con una foto del Che-Guevara. Le dije que si sabía quién era el Che-Guevara o para qué era la manifestación. Me confesó que no. Unas amigas la habían invitado y le pareció emocionante participar. Como ella, muchos otros jóvenes se adhirieron temporalmente a las protestas callejeras sin saber a quien estaban sirviendo.

En septiembre del 68 el Comité Nacional de Huelga, formado casi en su totalidad por células del Partido Comunista y simpatizantes del socialismo, se dio cuenta que ya casi no “jalaban” gente a las manifestaciones y que no habían podido extender la huelga al sector obrero, tal como lo lograron ese mismo año los líderes del movimiento estudiantil en Francia, del cual se tomaron varias estrategias para movilizar estudiantes y bloquear calles.

En septiembre, un mes antes de las Olimpiadas, el movimiento estaba muriendo y uno de sus objetivos, boicotear ese evento para llamar la atención de la prensa internacional, parecía que no lo podrían lograr. Las Olimpiadas se iniciaban el 12 de octubre de 1968.

Pintas en paredes por miembros del Comité Nacional de Huelga dejaron claro sus objetivos. Foto publicada por el Universal.

El 1º de octubre, un amigo de la infancia, que andaba muy metido en los grupos trotskistas, me visitó. Me dijo sin rodeos “por ningún motivo asistas al mitin de Tlatelolco”. Aunque yo no pensaba ir, le pregunte el por qué.    -Habrá enfrentamientos, no sé exactamente lo que pasará, ni te puedo decir más, pero no te acerques – me contestó.

Al otro día, se dio la famosa “matanza de Tlatelolco”, que a 40 años de distancia se ha convertido en un mito que todavía utilizan algunos izquierdistas como bandera para mostrar violaciones a los derechos humanos cometidas por el ejército y gobierno mexicano contra los estudiantes.

¿Qué sucedió en Tlatelolco?

El gobierno también tenía información de que habría provocaciones, sin saber exactamente como se darían; por lo que envío al ejército para rodear la plaza y evitar enfrentamientos. Llegaron cientos de estudiantes al mitin y los oradores del Comité Nacional de Huelga iniciaron sus discursos.

El mitin, hecho omitido por quienes tergiversan esos acontecimientos, no se reprimió, se llevó a cabo en su totalidad. Todos los oradores hablaron y al terminar se retiraron inmediatamente de la plaza. Algunos  se metieron en los edificios que rodean la plaza.

El general José Hernández Toledo, quien iba al mando de los soldados, pensó que el peligro había pasado y reportó un parte “sin novedad”. Tomó un megáfono y empezó a decirles a los estudiantes que se retiraran, que ya había acabado el mitin. De repente, desde los edificios que rodeaban la plaza de Tlatelolco, empezaron a escucharse disparos de ráfaga de ametralladora sobre soldados y estudiantes.

De los primeros en caer herido en una pierna y en el tórax por los disparos de ametralladora fue el general Hernández Toledo. Varios estudiantes y soldados cayeron víctimas de esas ráfagas. Hay fotos que muestran a los soldados disparando hacia arriba, hacia las azoteas de donde venían los disparos, no a los estudiantes que estaban junto a ellos. Recuerdo una foto de un soldado cubriendo con su cuerpo a una jovencita de los disparos. Para ese entonces los líderes y oradores ya se habían retirado de la plaza.

Un soldado cae herido en la plaza de las Tres Culturas y otros disparan hacia las azo-teas de donde provenían las ráfagas que asesinaron a soldados y estudiantes. Foto publicada por El Heraldo de México.

Periodistas e intelectuales de izquierda y muchos despistados, sin saber exactamente cómo estuvo el suceso, responsabilizaron de la matanza en Tlatelolco al ejército y al gobierno, con la esperanza que ese hecho llevara a la cancelación de las Olimpiadas, que empezaban en  menos de dos semanas.

Me reuní con mi amigo, el que me había dicho que no fuera. Él sí estuvo en el mitin, pero se retiro junto con los oradores. Me confirmo parte de lo que aquí describo. Debido a la matanza decidió romper con los grupos trotskistas a los que frecuentaba.

Él mismo me dijo: “los sacrificaron- refiriéndose a los estudiantes muertos -, no creí que fueran tan cabrones, fueron ellos mismos, pues querían que el desmadre llegará hasta las Olimpiadas”.

Grandes murales con el retrato del Che Guevara fueron pintados en los edificios de la Ciudad Universitaria. Foto publicada por El Universal.

A los pocos días un grupo de estudiantes de la Escuela Libre de Derecho me fueron a pedir que, en mi carácter de Presidente de la Sociedad de Alumnos, suspendiera las clases y nos declaráramos en huelga por las víctimas de Tlatelolco. Mi respuesta fue: “si me dan el nombre de un líder importante del Consejo Nacional de Huelga que haya muerto en Tlatelolco, cierro la escuela”. No tuve respuesta.

Tiempo después platique con el periodista y escritor peruano Eudocio Ravines, quien fue recibido en Moscú como héroe de la Internacional Socialista por su lucha en pro del marxismo en América Latina. Desempeño varias misiones encomendadas personalmente por Stalin en México, España y Chile.

Posteriormente, Ravines denunció al marxismo como un engaño en su libro “La Gran Estafa”. Cuando le pedí su versión sobre los hechos de Tlatelolco, me dijo que correspondía a una estrategia recomendada por un jefe de la policía estalinista llamado Laurenti Beria.

En un manual titulado “La Psicopolítica”, escrito por Beria, libro de cabecera de muchos extremistas, decía claramente que había que crear víctimas para darle vida y fuerza a un movimiento.

Esa misma estrategia – me dijo Ravines- la había usado en Sudamérica cuando era activista del Partido Comunista.

Nota publicada el 13 de agosto de 1968 por El Universal.

Los ganadores del 68

El movimiento del 68 en nada benefició a los estudiantes, lo comprobamos claramente a 40 años de distancia. Varios líderes del Consejo Nacional de Huelga, los más sinceros, no consiguieron nada para ellos ni lograron algo para los pobres, desposeídos o trabajadores.

El presidente Luis Echeverría en un afán conciliatorio y para evitar nuevos enfrentamientos como los del 68, invitó a colaborar en altos puestos del gobierno o como asesores, a varios intelectuales de izquierda que apoyaron al movimiento.

La masacre de estudiantes en Tlatelolco sólo sirvió para incorporar al gobierno de Echeverría a un grupo de académicos e “intelectuales” de izquierda. Los frutos de las políticas recomendadas por ese grupo a Echeverría fueron las inflaciones y devaluaciones de los años 70.

En Chiapas, la misma estrategia.

Una foto, publicada en enero de 1994 en varios medios de comunicación, nacionales e internacionales, del cadáver de un humilde indígena en el suelo, junto a un gran charco de sangre con un rifle de palo, sirvió de sostén para crear la imagen de represión y alevosía del ejército en el conflicto en los altos de Chiapas.

Al observar de cerca el rifle, se cumplió el dicho popular de “lo mandaron a la guerra sin fusil”. La supuesta arma con que enviaron a la guerra al indígena era un pedazo de palo que a lo  lejos parecía un fusil, en la punta   tenía amarrada una hoja de machete que simulaba una bayoneta. Esos indígenas fueron los que iban al frente de los ataques a los cuarteles del ejército. Y aunque ellos no dispararon, fueron los primeros en caer, cuando los soldados repelieron la agresión de guerrilleros bien armados, algunos de ellos centroamericanos, que estaban atrás de los indígenas.

No se necesita ser un analista militar para deducir que quienes indujeron y mandaron a esas personas indefensas a atacar los cuarteles, ocupar poblados y resistir los ataques del ejército, son los principales responsables de sus vidas.

En enero de 1994, varios periódicos publicaron fotos que mostraron claramente dos contingentes armados entre los miembros del “Ejercito de Liberación” en Chiapas. Los indígenas que iban al frente, muchos de ellos con armas de mentiras o palos y los de la retaguardia, armados con metralletas, granadas y “walkie-talkies”.

La creación de víctimas entre indígenas fue descarada en el conflicto de Chia-pas.

A los guerrilleros bien armados y entrenados, el historiador Enrique Krauze los llamó “los de arriba”. Ese sector, que aludía como objetivo instaurar el socialismo, difería enormemente de los indígenas caídos, a los que Krauze llamó “los de abajo”, la mayoría enrolados por teólogos de la liberación en la diócesis del Obispo Samuel Ruiz, bajo la enseñanza de que luchaban por una causa querida por Dios. (Véase el libro ¿Por qué Chiapas?, publicado por Editorial Diana en 1994)

Uno de los objetivos del enfrentamiento chiapaneco era generar muertes de indígenas, para que posteriormente circularan, como sucedió, fotos de cadáveres de indígenas con palos en forma de rifle y se dijera que el ejército mexicano con tanques y aviones, masacró indígenas, cuya única defensa eran rifles de mentiras.

Esa estrategia se les revirtió a los socialistas violentos, pues estaba clara, a pesar de la desinformación, la descarada fabricación de víctimas para crear una imagen de represión y desacreditar a México como una zona de inversión y revertir el Tratado de Libre Comercio con EUA y Canadá, que entró en vigor precisamente el día del ataque a los cuarteles por guerrilleros marxistas, que llevaban como escudos a indígenas con rifles de palo.

También levantó sospechas que antes de iniciarse el levantamiento supuestamente “indígena” y que el ejército respondiera a los ataques, ya se encontraban en San Cristóbal varios organismos y observadores, principalmente de EUA, dizque defensores de derechos humanos, pero identificados con las ideologías izquierdistas y movimientos socialistas, listos para acusar al ejército de violación de los derechos humanos.

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas se pasó de eficiente, pues invitó con anticipación a varios corresponsales extranjeros a presenciar un enfrentamiento donde se  violarían los “derechos humanos” de los indígenas. Un corresponsal del New York Time se encontraba en San Cristóbal desde el 27 de diciembre, tres días antes de iniciarse el conflicto.

En Chiapas habían representadas 140 organizaciones “no gubernamentales”, defensoras de los derechos humanos.  250 corresponsales extranjeros desfilaron en el mes de enero.

Nos preguntamos: ¿por qué los organismos de derechos humanos no condenaron a quienes enviaron a morir a indígenas indefensos y a quiénes sabían de antemano que habría indígenas muertos?

¿Cómo califican los defensores de los derechos humanos el hecho de colocar a un indígena con un rifle de mentiras frente a un ejército que acaban de atacar?

¿Qué no constituye una violación de los derechos humanos inmolar indígenas?

¿Quién es el criminal, el soldado que contestó al fuego o quién disparo al soldado y colocó al indígena sin armas frente al soldado?

Desde el punto de vista ético y moral: ¿quién es más responsable por la muerte del indígena de la foto, el soldado que materialmente le disparó, el catequista de la teología de liberación que lo convenció de la legitimidad moral de la lucha armada o el “comandante” socialista que “lo mando a la guerra sin fusil”? ¿O los políticos y organismos, entre ellos sindicatos de los EUA, que apoyaron y magnificaron la prefabricada “rebelión indígena”, con tal que revirtieran el TLCAN?

El obispo de Tapachula, Felipe Arizmendi, en cuya diócesis no hubo levantamientos, aunque había indígenas en las mismas condiciones de pobreza que en las de San Cristóbal, declaró a unas semanas de la matanza de indígenas, que los que debían  pedir perdón eran los guerrilleros del EZLN, por haber lanzado a los indígenas a un suicidio y como “carne de cañón”.

La misma estrategia, con algunas diferencias de método, utilizada para generar víctimas entre los indígenas en 1994 fue maquinada en 1968 para generar víctimas entre los estudiantes.

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6 pensamientos en “1886 México, Luis Pazos, Tlatelolco 68: 40 años de mitos

  1. Yo soy estudiante y en el presente me encuentro estudiando los hechos de Tlatelolco ’68. Me sorprendió bastante conocer su versión de los hechos y más aún enterarme de los disparos desde las azoteas. Me gustaría conocer más información de los hechos desde el enfoque periodístico. Si pudiera contestar se lo agradecería mucho.

    • Emilia
      Si les con atención el comentario, podrás advertir que el autor del texto es Luis Pazos, abogado y economista, no yo.
      Por cierto no comparto su particular visión de los hechos.
      Un atento saludo, Octavio Islas

    • Las tesis relativas a grandes conspiraciones son recurrentes en la visión de la ultraderecha mexicana.
      De hecho Gustavo Diaz Ordaz afirmó que el movimiento popular estudiantil de 1968 era el resultado de una conspiración dirigida por la izquierda comunista, contra el buen gobierno de México, aprovechando la celebración de los Juegos Olímpicos de México 68.
      Una visión extendida de la “gran conspiración mundial” puede encontrarse en el libro Infiltración mundial, por ejemplo, de Salvador Borrego.
      Me parece que minimizar la gravedad de los hechos del 2 de octubre ofende a la memoria de cientos de las víctimas de tan vergonzoso genocidio.

      O.Islas

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